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QUINTA VISITA |
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IGLESIA ROMANA
(RUTA ORIGINAL): |
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En la ruta original de San Felipe Neri, la quinta Iglesia es el templo de San Lorenzo, conocida como “Basílica de San Lorenzo” porque allí se encuentran sus restos o “Casa de San Dámaso”, porque allí se encuentra enterrado también el archidiácono de Roma. Cuenta la leyenda que Constantino mandó a erigir un oratorio sobre el sitio donde fue martirizado Lorenzo... |
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IGLESIA LOCAL
(VIA SACRA): |
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En nuestra “Ruta Sacra”, la quinta parada corresponde a Nuestra Señora de Belén, no es casualidad que esta Iglesia esté dedicada a la advocación de María es su mas dulce momento, el del alumbramiento y se nos presente con Jesús en sus brazos. La parroquia de Nuestra Señora de Belén fue creada el catorce de enero de 1858, dos años después de la promesa del padre Jesús Macario Yépez y fue creada con territorio correspondiente a San Juan Bautista de Milla, cincuenta dos años después de la creación de la misma. |
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Si usted está fuera de la ciudad de Mérida,
puede utilizar la selección de templos o iglesias de su preferencia. |
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Acompañamos a Jesús en el juicio ante el
rey Herodes,
en donde él y sus guardias también lo injurian.
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MEDITACIÓN: |
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Herodes, curioso, pero sin compromiso,
se alegra de ver a Jesús. Espera
divertirse viéndole hacer algún milagro.
Jesús guarda silencio ante la palabrería
con que Herodes le halaga. Al no tener
respuesta, le desprecia, se burla de Él,
poniéndole una túnica blanca. Creo,
Jesús, que estás presente en la
Santísima Eucaristía, bajo las
apariencias sacramentales de pan y de
vino. Prometo venerar tu presencia con
mi devoción y piadoso respeto en tus
templos, y adorarte en la Hostia Santa,
porque creo firmemente en tu presencia
que los ojos del cuerpo no pueden ver.
Ayúdame con tu gracia a visitarte
siempre en tu Sagrario y vivir en la
gracia de tu amor.
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SALMO 102
Oración
del afligido que, en su angustia, derrama su
llanto ante el Señor. |
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Señor, escucha mi oración y llegue a ti
mi clamor; no me ocultes tu rostro en el
momento del peligro; inclina hacia mí tu
oído, respóndeme pronto, cuando te
invoco. Porque mis días se disipan como
el humo, y mis huesos arden como brasas;
mi corazón se seca, marchitado como la
hierba, hasta me olvido de comer mi pan!
Los huesos se me pegan a la piel, por la
violencia de mis gemidos. Me parezco a
una lechuza del desierto, soy como el
búho entre las ruinas; estoy desvelado,
y me lamento como un pájaro solitario en
el tejado; mis enemigos me insultan sin
cesar, y enfurecidos, me cubren de
imprecaciones. Yo como ceniza en vez de
pan y mezclo mi bebida con lágrimas, a
causa de tu indignación y tu furor,
porque me alzaste en alto y me
arrojaste. |
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Mis días son como sombras que se
agrandan, y me voy secando como la
hierba. Pero tú, Señor, reinas para
siempre, y tu Nombre permanece
eternamente. Tú te levantarás, te
compadecerás de Sión, porque ya es hora
de tenerle piedad, ya ha llegado el
momento señalado: tus servidores sienten
amor por esas piedras y se compadecen de
esas ruinas. Las naciones temerán tu
Nombre, Señor, y los reyes de la tierra
se rendirán ante tu gloria: cuando el
Señor reedifique a Sión y aparezca
glorioso en medio de ella; cuando acepte
la oración del desvalido y no desprecie
su plegaria. Quede esto escrito para el
tiempo futuro y un pueblo renovado alabe
al Señor: porque él se inclinó desde su
alto Santuario y miró a la tierra desde
el cielo, para escuchar el lamento de
los cautivos y librar a los condenados a
muerte. |
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Los hijos de tus servidores tendrán una
morada y su descendencia estará segura
ante ti. para proclamar en Sión el
nombre del Señor y su alabanza en
Jerusalén, cuando se reúnan los pueblos
y los reinos, y sirvan todos juntos al
Señor. Mis fuerzas se debilitaron por el
camino y se abreviaron mis días; pero yo
digo: «Dios mío, no me lleves en la
mitad de mi vida, tú que permaneces para
siempre. En tiempos remotos, fundaste la
tierra, y el cielo es obra de tus manos;
ellos se acaban, y tú permaneces: se
desgastan lo mismo que la ropa, los
cambias como a un vestido, y ellos
pasan. Tú, en cambio, eres siempre el
mismo, y tus años no tienen fin. |
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Escucha, Señor, mi oración que mi grito llegue
hasta ti.
Señor,
ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor,
ten piedad
PADRE NUESTRO
Dios mío, tú conoces mi ignorancia
R. No se te ocultan mis delitos
Que me escuche tu gran bondad
R. Que tu fidelidad me ayude
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia
R. Por tu gran compasión vuélvete hacia mí
No escondas tu rostro a tu siervo
R. Estoy en peligro, respóndeme en seguida
Acércate a mí, rescátame
R.
Líbrame de mis enemigos.
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ORACIÓN
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Indulgente Señor, escucha la
oración de los que te suplican, a fin de
que aquellos que somos como la paja
seca, porque vivimos atados al pecado
podamos por tu misericordia, elevar al
cielo nuestra mirada. Por Jesucristo,
nuestro Señor. R. Amén. |
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QUINTA EFUSIÓN DE SANGRE
DE JESÚS |
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La sangre que brotó del rostro de Jesús
cuando le arrancaron la barba representa
el ser aceptados, porque quitarle su
barba habla de una expresión de rechazo,
vergüenza, afrenta y humillación.
“Ofrecí mi espalda a los que golpeaban y
mis mejillas, a los que me arrancaban la
barba; no retiré mi rostro cuando me
ultrajaban y escupían”. ISAÍAS, 50, 6.
Padre Eterno, te ofrezco los méritos de
la Preciosa Sangre de Jesús, tu
Amadísimo Hijo y Nuestro Divino
Redentor, por todos aquello que este día
pasaran a la otra vida, para que los
preserves de las penas del infierno y
los admitas a la posesión de tu Gloria.
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QUINTO DOLOR DE MARÍA |
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María al pie de
la cruz Lucas, 2, 43-45 |
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“Junto a la
cruz de Jesús, estaba su madre y la
hermana de su madre, María, mujer de
Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la
madre y cerca de ella al discípulo a
quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer,
aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al
discípulo: Aquí tienes a tu madre». Y
desde aquel momento, el discípulo la
recibió en su casa". |
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ORACIÓN |
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Madre amada, Reina de los Mártires,
danos el valor que tuviste en todos tus
sufrimientos para que unamos los
nuestros a los tuyos y demos gloria a
Dios. Ayúdanos a seguir todos sus
mandamientos y los de la Iglesia para
que el sacrificio de Nuestro Señor no
sea en vano y se salven todos los
pecadores del mundo. |
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SE REZA:
1 PADRE NUESTRO &
7 AVE MARÍAS |
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Virgen María: por las lágrimas que
derramaste y el dolor que sentiste
cuando Simeón te anunció que una espada
de dolor atravesaría tu alma por los
sufrimientos de Jesús, y en cierto modo,
te manifestó que tu participación en
nuestra redención como corredentora
sería a base de sufrimiento; te
acompañamos en este dolor. Y, por los
méritos del mismo, haz que seamos dignos
hijos tuyos y sepamos imitar tus
virtudes. |
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ORACIÓN FINAL |
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Virgen
María: por las lágrimas que derramaste y
el dolor que sentiste al ver la crueldad
de clavar los clavos en las manos y pies
de tu amadísimo Hijo, y luego al verle
agonizando en la cruz, para darnos vida
a nosotros, tú misma también te
sentirías morir de dolor en aquel
momento; te acompañamos en este dolor.
Y, por los méritos del mismo, no
permitas que jamás muramos por el pecado
y haz que podamos recibir los frutos de
la redención. |
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REFLEXIÓN FINAL |
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Sacramento: Unción de Enfermos |
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Virtud Cardinal: Templanza |
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Santo de la parada: San
Francisco de Asís |
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